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miércoles, 14 de mayo de 2008

De Blumberg a De Angelis: manual para fabricar líderes

14 de Mayo de 2008 |12:27

Pocos liderazgos sociales, como el de Alfredo de Angelis, ha construido la televisión en estos últimos años. Es que no aparecía nadie después de aquel fenomenal banquete audiovisual que montó la televisión para catapultar a Juan Carlos Blumberg, como vocero legítimo de la sociedad en temas de seguridad.

 

por Marcelo Padilla

La clase media y alta porteña se vio identificada con aquel ex ingeniero, hoy en el olvido, que arengaba a las masas por más policías y más leyes, luego que su hijo Axel fuera asesinado en marzo de 2004. Un gran movimiento social pro seguridad aparecía como primer claroscuro crítico para el gobierno del ex presidente Néstor Kirchner.

De las marchas con las velas a los atriles políticos, Juan Carlos Blumberg cosechó un alto capital social que rifó en las últimas elecciones al presentarse como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, y acompañando al neuquino Jorge Sobisch para la presidencia. Y se vino la debacle con la “noticia inmoral” que informaba que el ingeniero no era tal. Y el ex ingeniero tuvo que reconocerlo y desdecirse ante la prensa amiga que lo acompañó y le hizo el aguante en su patriada justiciera. Y los medios le soltaron la mano. Entonces, a la televisión, no le venía bien cualquier personaje, necesitaba uno que interpelara a la sociedad con el lenguaje que la sociedad muchas veces quiere oír.

El imperio televisivo encontró en la construcción del liderazgo de Blumberg una eficaz formula: coproducir figuras mediáticas que tuvieran cierto ascendiente en el imaginario social, y que desde allí se interpelara a la gente, apelando a sus íntimos deseos imaginarios de movilidad social: el no-ingeniero era una figura deseable y todos querían ser como Blumberg, sin el cadalso de perder a un hijo y sin ser ex ingeniero.

Ahora De Angelis

Según el diario entrerriano “Nogoyá”, en nota del 1/4/08, Alfredo de Angelis, integró el grupo de militancia peronista conocido como “Los Pitufos de Gualeguaychú” que lideraba el actual Senador Nacional Guillermo Guastavino.

“De Angelis tenía serias aspiraciones de integrar la lista de Diputados Provinciales del PJ del pasado año 2007, lista que encabezaba Jorge Busto, pero esto fue algo que no se cristalizó y del cual nunca se supo el porqué- señala el diario online entrerriano- se supone que la demanda y los compromisos eran muchos para esos cargos legislativos”. Lo cierto es que Alfredo De Angelis no era el mismo de ahora, sino seguramente otra hubiese sido la conformación de la lista de Diputados del PJ.

Hoy, Alfredo De Angelis forma parte de una nueva coproducción. El estreno del año. Made in tierra adentro, un labriego arrendatario -arrienda junto a su hermano Atilio cerca de 800 hectáreas anuales y cultivan soja, maíz, girasol y trigo- hijo de inmigrantes que busca en su riesgo mayor rentabilidad ante la concentración de la riqueza sojera en el campo. Y en las asambleas televisadas en directo, con el enfoque de la cámara puesta en esa imagen del hombre del interior, laborioso, que habla lindo y simpático, que grita verdades de su particularísima realidad campechaña, la tele, montó el espectáculo.

Primero sin el diente y mal afeitado, se mostraba a un De Angelis popular, opacando sospechosamente a sus colaboradores: hombres de boina y prolijamente enropados con sus 4x4 atadas al palenque. Algo similar ocurría con los miembros de las cuatro entidades lideres del Lockout patronal, donde Eduardo Buzzi, presidente de la FAA, aparece como el “pequeño burgués intelectualizado”, mejor presentable para la tele, para no apelar a los Llambías y Miguens, dos acartonados que hablan con el lenguaje de los dueños del campo y no de los que lo arriendan. Sin embargo, De Angelis no se siente utilizado: "Es un conflicto que involucra a todo un sector y los terratenientes me están ayudando a viajar por todo el país", dijo el viernes pasado a un medio nacional.

Pero no pasaría mucho tiempo para que vieran en el entrerriano, a un político opositor que ya no sólo habla de retenciones sino de “cambiar el modelo”, propio del lenguaje de quienes quieren volver al libremercado.

Su prueba de fuego la tuvo el lunes por la tarde-noche, cuando los dirigentes agrarios se apearon en el congreso nacional, convocados por la oposición política. Allí brilló un De Angelis lider de todos, más populachero que Blumberg, cercado por Llambías y Miguens, y vitoreado por la política.

Link permanente: http://www.mdzol.com/mdz/nota/47025

martes, 1 de abril de 2008

Zaiat dixit: Los Grobo sonríen

Por Alfredo Zaiat

Tarde, bastante tarde teniendo en cuenta la magnitud del conflicto que se generó, el Gobierno explicó en detalle por qué decidió establecer el mecanismo de retenciones móviles. Es probable, aunque no seguro, que el país se habría ahorrado semejante crisis si el ministro de Economía hubiera enseñado en su momento los motivos y los objetivos de una imprescindible intervención del sector público en el mercado de granos y oleaginosas. También tarde fue dispuesta esa medida que, con los precios internacionales en alza desde hace varios años y el avance de la sojización en el campo, se imponía desde bastante tiempo antes que el 11 de marzo pasado. Tarde implica reasignación de recursos, transferencia de ingresos, concentración de la riqueza y torpeza política. Rectificar ese error es mejor que prolongarlo, con todos los costos que han significado para la sociedad.

No es el caso de Eduardo Buzzi y Alfredo De Angeli, dirigentes visibles de la Federación Agraria, que reinciden en el mismo error desde el comienzo del lockout patronal: ser la voz, el rostro y el sostén del piquete verde en beneficio de los intereses de los grandes jugadores del negocio de la soja y de la cadena agroindustrial. No han mencionado nunca el papel de los pulpos exportadores multinacionales, como Cargill, Bunge y Dreyfus, que exprimen a los pequeños productores. No han reclamado públicamente la necesidad de reinstalar la Junta Nacional de Granos, que permitiría a esos productores recibir un mejor precio que el fijado por los acopiadores-exportadores. No han señalado ni una vez el papel de los grandes grupos, como Los Grobo, que por su posición dominante en el mercado y holgura financiera desplaza a los pequeños productores de sus tierras. Los Grobo poseen 17.700 hectáreas propias, pero arrendando cultiva en total más de 150 mil. Acopia un millón y medio de toneladas y comercializa 112 mil de harina. Entre las empresas del holding facturan cerca de 200 millones de dólares anuales. En su balance trimestral al 31 de enero de este año informó que su activo suma 388 millones de pesos, con un patrimonio neto de 96 millones.

Muchas cosas son raras en este conflicto, pero que la Federación Agraria sea el vocero más combativo de sus verdugos es un error que se ha repetido a lo largo de toda esta crisis. Ayer mismo volvieron a cometerlo. Si es por inocencia, que a esta altura parece inverosímil, los pequeños productores deberían evaluar si necesitan otros dirigentes. Si son conscientes de su rol funcional a los intereses de los reyes de la soja, como Los Grobo, los pequeños productores tienen un problema con sus dirigentes.

sábado, 29 de marzo de 2008

Zaiat dixit: Forjadores de la patria

Por Alfredo Zaiat

Como muchas veces en las relaciones económicas y en especial cuando se desencadena un conflicto, un sector se evalúa a sí mismo más de lo que es y, a la vez, la contraparte disminuye la relevancia del otro como http://static.pagina12.com.ar/fotos/20080329/notas/nac02.jpgestrategia en la dinámica de esa puja. Esas son las reglas de juego más usuales para determinar la distribución del poder y la definición de la hegemonía en la sociedad. El sector agropecuario siempre se consideró el único forjador del país debido a que los hombres que dominaron la actividad en el siglo XIX, con métodos y desprecio humanitario de espanto, fueron los que constituyeron las bases para el Estado moderno. El modelo agroexportador fue la estructura económica que acompañó la conformación y consolidación de Argentina como país entre la Generación del Ochenta y la década del veinte. Así construyeron una imagen, que se difundió con bastante éxito a centros urbanos, que expresa la posesión de todos los atributos para considerarse los hacedores de la patria. El resto, por lo tanto, tiene que agradecerle su sacrificio como buenos hijos. Ese vínculo filial de retribución por el pan acercado a las mesas de la ciudad reclama subordinación. Esa representación de sí mismos que los grandes productores han sabido cimentar se ha dispersado e influido en la constitución de la propia conciencia del pequeño y mediano. Pero éste ha sido históricamente más castigado por el esquema de negocios dominado por los grandes, multinacionales, contratistas y exportadores que por un régimen de retenciones. Sin tanto apasionamiento de piquete verde y cacerolas de clase media y alta, ¿por qué un productor –el dueño del campo– que se levanta a las cuatro de la mañana y maneja un tractor hace más “patria” que un obrero urbano –dueño sólo de su fuerza de trabajo– que se despierta a esa misma hora, viaja incómodo a la fábrica y opera una máquina industrial?

Aunque sea una herida insoportable a su amor propio, como se exterioriza en estos días, el campo no es todo, aunque sí una parte importante del país, ni tampoco se está perjudicado por el actual modelo económico. El periodista Julio Sevares publicó en su blog del suplemento económico de Clarín un brillante comentario: “Un reciente trabajo de la Cepal da un golpe al narcicismo del campo, que se considera el artífice del crecimiento argentino y de la salvación poscrisis. Según el trabajo “Crisis, recuperación y nuevos dilemas: la economía argentina 2002-2007”, la contribución al crecimiento del PBI fue del 22,6 por ciento en la industria, 17,1 por ciento en el comercio y sólo 3,5 por ciento en el campo en ese período. La contribución del campo al crecimiento en los noventa fue mayor que en el último período, pero aun en ese momento, menor que la de la industria”. Y agregó, para dejar más claro el concepto, que “el mismo cuadro se obtiene del Indec: en el período 2003-2007, el PBI creció 8,7 por ciento promedio, el PBI Industrial el 10,0 y el Agropecuario 6,0. Ergo, la contribución de la industria al crecimiento del PBI fue mayor. Es un tema de Cuentas Nacionales”. En otro blog (Mide/No Mide, vidabinaria.blogspot.com) se precisa que, según el último censo poblacional, poco más del 10 por ciento es “rural” (localidades con menos de 2000 habitantes) y que cerca de 21 millones de personas (el 52 por ciento del total) viven en los diez aglomerados urbanos más grandes del país. El autor de ese blog señala que “busco el Producto Interno Bruto a precios de mercado y me encuentro con que en 2007 el rubro Agricultura, ganadería, caza y silvicultura representó un tercio de la Industria manufacturera. Y casi lo mismo que los rubros Construcción e Intermediación financiera”.

Ese libro de la Cepal reúne diez investigaciones y una de ellas se refiere al campo, elaborada por Roberto Bisang: El desarrollo agropecuario en las últimas décadas: ¿volver a creer? En ese documento, que analiza con criterio amplio el atractivo proceso de crecimiento del sector, se ofrece un análisis introductorio esclarecedor para comprender esa idea de sentirse y parecerse los “dueños del país” por parte de los hombres del campo:

- “El desarrollo económico (y la propia historia) de la Argentina guarda una estrecha relación con la explotación económica de los recursos naturales en general y, en particular, con las producciones agropecuarias”.

- “Esa imagen se fue forjando a partir de mediados del siglo XIX, cuando la prosperidad del país corría de la mano de la ampliación de la frontera agrícola-ganadera (de las carnes primero y del trigo y del maíz después) en base a tecnologías importadas (y adaptadas localmente) sustentando un modelo traccionado por el mercado externo”.

- “La Argentina, ‘granero del mundo’ o controlando la mitad del comercio mundial de carnes bovinas, estructuró su base productiva a partir de un conjunto acotado de sectores que operaron a modo de ‘locomotoras’ del crecimiento de toda la economía”.

- “Cuando la cantidad de tierras y el deterioro de los términos del intercambio impusieron un límite a este modelo, quedó al descubierto la fragilidad de una estructura productiva desbalanceada y dual, centrada en unas pocas actividades y orientada a mercados (y por empresas) muy concentrados”.

- “En el lapso que va desde 1900 hasta 1935, la producción de cereales y oleaginosas crece a razón de un 3,5 por ciento anual; a posteriori sobrevienen tres décadas donde los niveles se estancan, para retomar un sendero de crecimiento entre 1965 y 1985. Desde inicios de los años noventa hasta el 2006-2007, la producción agregada crece a razón del 5,8 por ciento anual”.

Bisang se pregunta si “en la Argentina del Bicentenario se repite parte de la historia del Centenario”.

Una de las motivaciones del actual lockout patronal, expresado por los grandes productores y operadores de la actividad agrocupecuaria, tiene su origen en el deseo de retornar a ese esquema económico agroexportador, con predominio del poder político en manos conservadoras como en ese entonces. Ya se sabe cuál fue el resultado y mucho más lo conocen los pequeños y medianos productores que no quedaron bien parados de ese modelo de exclusión. Por ese motivo, sus legítimos reclamos quedan confundidos cuando están asociados a los grupos más reaccionarios del sector y, además, cuando provocan el deterioro del poder adquisitivo de asalariados y postergados por el desabastecimiento y suba de precios. Repetir esa historia no es un recomendable sendero a transitar, aunque aprender de ella brinda la oportunidad de aprovecharla para que esta vez los ganadores no sean los mismos de siempre.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-101506-2008-03-29.html

Pequeñas delicias de la vida agroexportadora

Síndrome de Estocolmo

Cresud tiene 400.000 hectáreas.

Adecoagro 200.000.

El Grupo Bemberg 143.000.

Fortabat 140.000.

LIAG Argentina 120.000.

El Grupo Werthein 100.000.

La Biznaga 50.000.

Jorge Blanco Villegas 26.000.

Reyes Terrabusi 25.000.

Los Grobo 17.700.

Supongamos por un momento que estos campos tienen un rinde promedio de soja de 2.900 kilos por hectárea. Es más o menos el rinde promedio del país del 06.

Seguramente tendrán tierras más fértiles, de mayor productividad, pero juguemos con estos números.

La eliminación de las retenciones, como se pide hoy día entre piquetes y cacerolas, implica entregarles a estos 10 empresarios/grupos la friolera de 650 millones de dólares. Entre los 10 juntan 1.200.000 hectáreas. Esas tierras deben valer bastante más de 6 mil millones de dólares [a 5000 dólares la hectárea, pero en la zona núcleo en febrero valía 10.700 según la revista márgenes agropecuarios...].

Pero claro, no te olvides, los terratenientes no existen...

Hace unos días, Montenegro escribió una muy buena columna en Crítica donde mostraba otros datos que reflejan lo mismo [los datos de la tierra también son de él]... 

Según los registros de la ONCCA hay 74.115 productores registrados en la venta de soja.

Pero 30.583 establecimientos producen hasta 60 toneladas al año. Son explotaciones de 20 a 25 hectáreas y representaron menos del 4% del total de la cosecha del año pasado. 

Si se agrupa a todas las explotaciones de hasta 1500 toneladas/año, se tiene al 96% de los establecimientos que levantaron el 40% de la cosecha. 

En el otro extremo, sólo 2.817 acapararon el 60% de la producción sojera.

A ver si se entiende: el 3,8% de las explotaciones controla el 60% de la producción.

Habría que dejar de mentirle a la gente diciéndole que la soja se trata de un negocio de chacareros que se parecen a los Ingalls.

Hay minifundistas, hay pequeños y medianos [que sin duda merecen políticas diferenciadas].

Pero el negocio grueso lo manejan unos pocos. Así que Doña Rosa, ya sabe.

Salga con la cacerola y defienda el negocio de los Elsztain, Soros, Bemberg, Fortabat, Werthein y demás chacareros.

Sólo así lograremos que en este país deje de haber hambre.

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¿quién le roba a quién?

Por el paro agropecuario se perdieron cerca de $300 millones por día

La pérdida económica para el país que provocaron los días del paro agropecuario equivale casi exactamente a lo que el Gobierno tiene previsto gastar durante dos años para compensar a la agroindustria por la suba de los precios internacionales: unos $2350 millones. El monto surge de la suma de las pérdidas preliminares para la industria y el transporte.

El costo del paro también es equiparable a la recaudación impositiva del mes pasado en concepto de retenciones a las exportaciones, las mismas que detonaron la primera crisis político-económica que enfrentó la presidenta Cristina Fernández.
Según cálculos de una consultora económica privada, se perdieron cerca de 300 millones de pesos por cada uno de los días hábiles del paro del campo, que comenzó tras la suba de las retenciones decidida por el Gobierno, informa hoy el diario La Nación.
El monto surge de la suma de las pérdidas preliminares para la industria y el transporte. El primer sector dejó de percibir cerca de $ 80 millones diarios, es decir, unos $ 650 millones acumulados desde el estallido del conflicto; el segundo, $ 212 millones por día, que equivalen a casi $ 1700 millones.
También existen otros costos para el país, incluso algunos que todavía no se conocen, como las demandas judiciales que seguramente enfrentarán las empresas exportadoras por no poder entregar a tiempo su mercadería en el exterior.

Este parate también se reflejó en el mercado interno, donde hubo claras muestras de desabastecimiento de mercadería y consecuentes aumentos de los precios que, según las asociaciones de defensa de los consumidores, rondaron alrededor del 50%.

Link permanente: http://www.mdzol.com/mdz/nota/38769

viernes, 28 de marzo de 2008

Zaiat dixit: No importa nada

Por Alfredo Zaiat

Esta columna de Alfredo Zaiat fue publicada en Página/12 en su edición del miércoles pasado. Ayer fue mencionada por la presidenta Cristina Kirchner en su discurso en Parque Norte.

Telefónica y Telecom deciden cortar el servicio de telefonía porque consideran que su rentabilidad no es la adecuada y para restablecerlo exigen un aumento de tarifas. Edesur y Edenor informan que en reunión de directorio adoptaron una medida que afectará a los usuarios porque los dejaran sin luz ante la tozudez de un gobierno que no quiere subir las tarifas. Las empresas de colectivos, las grandes y las pequeñas, impulsan un lockout ante lo que evalúan como una política oficial equivocada de no elevar el precio de los boletos. Las petroleras YPF, Shell, Esso y Petrobras dejan de abastecer las estaciones de servicios para enviar el mensaje que quieren cobrar las naftas más caras. Empresas oligopólicas productoras de alimentos, como Molinos, de Pérez Companc, y Ledesma, de Blaquier, interrumpen los envíos al mercado, porque están en contra de la intervención de la Secretaría de Comercio.

La mayoría pensaría que resulta descabellada esa respuesta empresaria, comportamiento que se definiría como antisocial y perturbador. ¿Cuál sería la reacción mediática ante semejante presión patronal que afecta a millones, en especial a los más vulnerables? ¿Dejar sin teléfono, luz, medios de transporte, combustible y alimentos sería aplaudida, acompañada y festejada con cacerolazos? Da la impresión de que no, aunque no habría que descartar sorpresas entre los que ya se sabe e incluso en algunos progresistas culposos. Ahora bien, para evitar confusiones, la protesta del campo es un lockout patronal, ya sea de pequeños, medianos o grandes productores. Se trata de la respuesta del capital a una medida del Gobierno. Y la acción es tan virulenta como la que tiene con los trabajadores o peones rurales en situaciones de máxima tensión. No importa nada, salvo preservar la rentabilidad del capital. En este caso, “nada” implica vaciar góndolas de supermercados y estantes de los almacenes. Pocas medidas patronales han sido de tan manifiesto desprecio hacia el prójimo. Y lo que no deja de asombrar es que la mayoría de los medios pueda considerar “justa” semejante agresión a la población. Porque no sólo faltará carne, leche y otros alimentos, sino que sus precios subirán ante la escasez, produciendo el doble efecto de angustia por el desabastecimiento y por el deterioro del poder adquisitivo. Esto no significa que los pequeños y medianos productores no necesiten atención con políticas específicas y de promoción por parte del Gobierno, que parece ignorar la diversidad de agentes en el campo. Pero cuando las demandas ya dejan de ser por una estrategia sectorial, para convertirse en un desestabilizador político, económico y social, los dirigentes que dicen representar a los castigados del campo deberían alejarse de sus pares que no dudarían en cualquier otro momento de aplastarlos, como la historia bien enseña.


lunes, 28 de enero de 2008

la vida es un yogur

si uno sigue las campañas publicitarias
que a diario invaden nuestra casa
con anuncios rimbombantes prometiéndonos
estar más sanos o ser más esbeltos,
creería que la única manera de vivir
es comer un yogur de la botellita chiquita como desayuno,
un par de los que te "regularizan" como colaciones,
y otro par por las dudas
porque tienen un montón de beneficios
sin los cuales te irías arrastrando por ahí,
dando lástima por el mundo.

la propaganda es así
nos genera necesidades ficticias,
apetencias que nunca se nos hubieran ocurrido
y nos miente descaradamente desde un pulcro uniforme
de médico, farmacéutico o investigador
que esta leche tiene menos bacterias que ninguna otra
porque el proceso de pasteurización es más perfecto que el de cualquier otra,
que el agua de esa botella de etiqueta vibrante es más pura que la pureza divina o
que ese jabón que te lleva un cantante a tu casa
o te hace pasear por el país buscando desafíos
es el único que puede limpiar la mugre de tu ropa y
de tu alma

es simple sólo basta con que cuando vayas al supermercado
pongas en tu carro esas marcas mágicas para sentir que tenés un presente y un futuro
esa es la felicidad, la te prometen todos los días
y que nunca, nunca en la vida alcanzás.